El Escorial: un rey, un proyecto y su trascendencia a lo largo del tiempo.

el escorial aerea

El Escorial es uno de los destinos turísticos por excelencia tanto de los madrileños como de numerosos visitantes nacionales e internacionales que se sienten atraídos por sus atractivos patrimoniales y culturales, así como por la belleza de la localidad. Sin embargo muchas veces, a pesar de reconocer su valor y saber de su renombre, no nos acercamos a pensar ni en el motivo ni en las circunstancias que se dieron para su creación. ¿Ese imponente monumento religioso a las afueras de la Sierra de Guadarrama puede tener mucho más detrás? Averiguémoslo.

Es difícil pensar en algo europeo que no girase alrededor de la monarquía hispánica durante el siglo XVI. Será con el emperador Carlos I, nieto de los Reyes Católicos, y después con su hijo Felipe II, cuando la Casa de Austria consiga convertirse en la gran potencia europea que predomine todos los ámbitos y hacia la que vayan todas las miradas.

jardines escorial

Para entender que la creación de El Escorial a mediados de siglo fue para España un acontecimiento sin precedentes, hay que echar la vista atrás y comprender el papel que habían jugado para la sociedad hasta ese momento los edificios de éste tipo. Majestuosas catedrales que se alzaban imponentes construídas por el clero y la Iglesia en época medieval, al igual que ambiciosos monasterios erguidos concienzudamente en sus pretensiones o grandes palacios que la nobleza usaba a su antojo para aparentar. No puede verse ningún interés de atraer a visitantes lejanos ni tampoco hacer edificios eternos que permaneciesen en la memoria histórica a lo largo de los siglos.

Nos encontramos entonces con algo insólito, un edificio de características parecidas pero concebido en la mente de un hombre, no cualquier hombre, y vinculado a él por el resto de sus días. La construcción de El Escorial nace como símbolo, como emblema que superará los tiempos buenos y malos, calificado incluso de “maravilla del mundo” y también criticado en numerosas ocasiones, parece que pervivió como el espíritu español que se resistía a los cambios de las nuevas doctrinas del catolicismo. Sabiendo esto, es fundamental que lo veamos con otros ojos, y que el papel central que juega sea analizado desde la realidad de su creador, Felipe II y la época española en la que él vivió.

Felipe es una figura que no hay que entender solamente desde la fecha de 1556, que es cuando hereda el trono de Castilla y Aragón, sino que hay que estudiarle desde 1548, cuando aún es príncipe y comienza a tener una gran actividad artística y de coleccionista , superando la de sus antepasados y la de su padre, capacitándole para realizar unos años después la gran obra de El Escorial. ¿En cuanto a su personalidad?  Con gran temperamento aunque siempre muy reservado, hoy hay que comprender su posición desde la de un hombre culto, humanista, devoto y que quiso dejar un legado que incluyese mucho más que ningún otro: unión, poder, espíritu y monarquía.

¿Por qué San Lorenzo y no otro santo? Varias coincidencias. La primera es que el 10 de agosto de 1557, festividad de San Lorenzo Mártir, las tropas españolas consiguen ganar la batalla a los franceses cerca de San Quintín.  Se trata de una batalla decisiva que convirtió a Felipe en uno de los últimos Austrias que llegaría con su ejército a una victoria así, comparada con la de su padre en Mülberg. La segunda coincidencia nos habla de la gran devoción que profesaba ya Felipe desde niño a este santo español, haciendo esto que no dudase en ningún momento en a quién iría en ofrenda el templo que pretendía erigir.

Lo pondrá bajo gobierno de la Orden de San Jerónimo, a la que, al igual que su padre el emperador, tenía una gran predilección. No solamente porque los frailes de esta Orden tenían una severa disciplina, sino porque tenían una gran experiencia en construcción, habiendo entre ellos muy buenos arquitectos. Además es que siguiendo la voluntad del rey, la comunidad de monjes comprendía también a los alumnos de la escuela elemental y a los estudiantes del colegio, así como al personal administrativo y a la servidumbre del rey, que se ocuparía incluso de la jardinería.

Pero lo que quiso hacer Felipe II con El Escorial no fue exclusivamente un monumento que conmemorara su victoria, un panteón familiar o un santuario, sino que lo que quería era que se representase el resultado de una glorificación de la realeza española. Un edificio donde quedara patente la unión entre el poder espiritual y el temporal, y cómo el segundo está apoyado y sancionado por el primero. En definitiva, un edificio que fuese la mejor expresión y el mejor vehículo de propaganda de la solidez de un sistema económico-social, político y religioso (el de su reinado).

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Además de ello, Felipe utilizaría este nuevo edificio como mausoleo familiar y como lugar de retiro. Vivió allí, lejos del bullicio de la Corte en la capital, ya que desde este lugar en la Sierra madrileña de Guadarrama,  pudo gobernar más tranquilamente sus posesiones con eficacia y controlar el mosaico político que constituían sus reinos. Por esta razón también, se consulta para la elección del lugar de edificación del Monasterio no solo a monjes y matemáticos, sino también a doctores. Es curioso resaltar que el monarca mandó también construir en una ladera de las proximidades del pueblo un pequeño mirador para observar cómo iban las obras del Monasterio durante su construcción, la actualmente llamada Silla de Felipe II desde donde vigilaba impasible.

Pero además de todo lo dicho, esta gran obra tiene una significación análoga a la de la Capilla Real de Granada, que, fundada por los Reyes Católicos, había sido el símbolo de la Reconquista. El Escorial se quiere ver como un nuevo templo de Jerusalén, que aúna la lucha contra los protestantes y contra los turcos. Estos últimos derrotados el 7 de Octubre de 1571 por la flota de la Liga Santa en la batalla de Lepanto, mientras se estaba construyendo El Escorial.

Llegamos a la conclusión con todo ello de que en este monumental conjunto, Felipe II identifica su lucha contra la herejía convirtiéndolo en el símbolo de la Contrarreforma en España. Toda la vida del rey girará en torno a este monumento, apoyando en él toda su fe católica.

Su finalidad respondía así a las intenciones del Concilio de Trento abierto ya en época del emperador Carlos. Pero no sólo supone un símbolo religioso, sino también cultural, ya que con su estilo constructivo y además el hecho de que entre cuyas dependencias aparece un seminario, una universidad y una tumba para reyes, representa también un símbolo del humanismo cristiano. Y no sólo eso, sino que con su revolucionaria arquitectura llena de austeridad y simplicidad frente al recargado estilo castellano plateresco de esta época, supone un punto de inflexión del arte español y también del europeo.

Cerramos así uno de los muchos capítulos que pueden escribirse sobre este increíble y grandioso monumento, cuyo valor arquitectónico, cultura y católico supera todo lo que creemos. Un monumento primordial que visitar y en el que ahondar sin duda puesto que es magnífico en una gran amplia variedad de ámbitos.

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