La arquitectura desconocida del XX en la capital

¿Quién no ha oído hablar del Palacio Real, la Plaza Mayor o del Museo del Prado? Probablemente, todo el mundo que haya pisado alguna vez Madrid ha oído hablar de estos grandes edificios. Quizá no conozcan la historia de esas joyas arquitectónicas, cuándo y quién las construyó pero, el solo hecho de nombrarlas, es suficiente para traernos una imagen o un recuerdo de ellas.

Sin embargo, ¿qué pasa con Torres Blancas, el pabellón de los hexágonos, el centro de estudios hidrográficos…? También son edificios importantes para la historia de la arquitectura y casi nadie dedica unos minutos de su tiempo en la ciudad para acercarse a conocerlos.

Con este blog, WakeUpTours inaugura una serie de artículos sobre las otras grandes obras maestras de la arquitectura. No hablaremos de siglos lejanos, sino de la arquitectura  del XX que marcó un antes y un después en la forma de construir Madrid.

Puede que muchas de las obras que veremos resulten “chocantes”, “feas”, “brutales”… pero tenemos que dejar los prejuicios a un lado y no ver sólo la apariencia exterior para poder entender  lo que ocultan estas otras joyas de Madrid.

 “La Arquitectura no son cuatro paredes y un tejado sino el espacio y el espíritu que se genera dentro”

Lao Tsé

El pabellón de los Hexágonos 

Corrales y Molezún (1958)

En un rincón de Casa de Campo encontramos abandonado uno de los edificios de Madrid más maltratados por el olvido y el paso del tiempo: el pabellón de los hexágonos.

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Este pabellón de exposiciones, ahora en ruinas, no siempre estuvo en Madrid. Su historia comienza con la Expo Universal de Bruselas del año 1958. Corrales y Molezún ganaron el concurso para edificar el pabellón de España. El primero tras no haber participado en estas exposiciones desde la República.

Las condiciones del concurso eran, principalmente, que el pabellón debía de ser desmontable y debía respetar el arbolado existente. Corrales y Molezún propusieron entonces hacer un edificio orgánico que se fuese adaptando al terreno mediante un módulo hexagonal con forma de paraguas invertido.

Este pabellón fue muy alabado por la crítica de la exposición; tanto, que fue el ganador del premio de arquitectura. Con la repetición de dicho paraguas las posibilidades eran infinitas y, por ello, no resulta extraño que con su reconstrucción en Madrid en 1959 el aspecto cambie radicalmente.

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En vez de dos grandes alas escalonadas, el pabellón de los hexágonos en Madrid se distribuye en diversos espacios expositivos alargados, creando diferentes recorridos.

La variación de la altura de los paraguas y la introducción de patios ajardinados dotan de un carácter totalmente opuesto al edificio madrileño, frente al espacio unitario del de Bruselas. Aun hoy abandonado, el espacio interior sobrecoge. La fuerza que desprenden sus muros de ladrillo, la forma en la que entra la luz a través de los paraguas te deja boquiabierto. Es una pena que, el que fue premio internacional de arquitectura, esté lleno de basura, grietas y maleza tras años de abandono.

El pabellón de los hexágonos es nuestra primera obra de la serie, condenada al olvido por permanecer a un tipo de arquitectura demasiado “joven”. Tal vez el tiempo nos permita estimar su valor artístico.

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