YO SIEMPRE ME BAJARÉ EN ATOCHA

Una mirada a Madrid desde Joaquín Sabina

PLAY:

Poneos en situación. Tren destino Madrid, origen Sevilla. Ya es de noche. Me pongo los cascos y, causalmente, me sale en el reproductor la canción titulada: “Yo me bajo en Atocha”. Ese sonido de sintetizador que se nos va metiendo en la cabeza, ese Re que no para de crecer y crecer, y ya empiezas a escuchar la voz que está a mitad de camino entre la ronca y la muy ronca de Joaquín Sabina.

Los primeros versos de la canción, sin saber de qué se trata, no te imaginas que vaya a empezar a hablar de una ciudad, sino de cualquier amante que se ha echado últimamente. Pero poco a poco, te vas imaginando el amor incondicional que tiene Joaquín por la capital.Una ciudad con sus fiestas de guardar, con su “Vuelva usted mañana” que tanto nos recuerda cada vez que tenemos que hacer un trámite y nunca podemos acabarlo el mismo día porque la burocracia, que así se llamaba la tortuga de Mafalda, es algo que tarda y tarda en acabar. Su “Sálvese quien pueda”, aquí nadie se preocupa por nadie y, en cierto modo, es una delicia. ¿O tal vez no?

Una ciudad que tiene sus tradiciones, claro que puedes encontrarte a personas en los bares echándose “su partidita de mus” y, sobre todo, en las cafeterías de las facultades se ve el mus, el cinquillo, el póker.. y en frente de cualquier rincón, “Fulanita de tal”, esa o ese que siempre te encuentras por la calle pero a quien no conoces, ese camarero que siempre te pone el café cortado como te gusta, la chica de atención al cliente a quien siempre preguntas y siempre contesta amablemente. Personas, todas ellas, anónimas que no dejas entrar en tu libreta personal.. 

Una ciudad llena de vida, llena de “todo es ahora”, llena de decisiones que tienes que tomar ya, o incluso antes de ya, sabiendo de antemano que “nada es eterno”, que todo cambia, aunque todo se mantiene, que la vida sigue pase lo que pase, que la ciudad sigue funcionando como lo hacía antes pero que se nutre de todas las personas que viven y trabajan en ella.

Una ciudad llena de contrastes, que igual que puedes escuchar un “rap” en una sala en el barrio de Malasaña donde la letra es lo más importante y donde hay un ritmo constante que atrapa, puedes ir al barrio de San Isidro en el mes de mayo y encontrarte a 25 señoras y señores que están bailando el baile regional típico: el “chotis”, un baile de origen austríaco cuyo único movimiento es el de los pies en torno a una baldosa.

Una ciudad que, según los que vivimos en ella tiene solamente dos estaciones: “puto frío” y “puto calor”, que no tiene término medio pero que por supuesto la primavera no se la quita nadie yendo a la Quinta de los Molinos a ver los almendros en flor o al Retiro a dar un paseo entre toda la vegetación.

Y aquí, ya sabemos que esta ciudad es, por supuesto, Madrid.


Acaba la primera estrofa y aún solo suena el mismo sintetizador que nos sigue enganchando pensando que en algún momento estallará y nos dará algo más.

Ahora que ya sabemos de qué se trata (aunque por el título ya nos lo podíamos imaginar), nos habla del otoño de Velázquez, pintor de cámara del rey Felipe IV, que inmortaliza algunas escenas de la villa de Madrid, y de la Torre Picasso, ejemplo de arquitectura moderna.

También nos habla de su “santo” que por supuesto se refiere a San Isidro Labrador, patrón de la ciudad y que le veneramos el día 15 de mayo con una verbena al lado de la Ermita del Santo. Nos habla de su “torero”, que aunque no sea yo muy aficionado a la tauromaquia, entiendo que tenemos una de las Plazas de Toros más importantes, como es la de las Ventas, de estilo neomudéjar.
Justamente, al lado de donde celebramos la verbena de San Isidro está uno de los edificios más queridos por el cantante aunque dentro de poco desaparecerá: el Vicente Calderón, donde juega “su atleti” y que está al lado del río Manzanares que hace que cante cada vez que pasa por el estadio. También habla de “su Borbón”, familia francesa que, desde el siglo XVIII reina en España y construye en Madrid el Palacio Real, entre muchos otros edificios y monumentos importantes.
Y sin olvidarnos de “las gordas de Botero”, este artista colombiano que nos ha dejado tres esculturas suyas en Madrid: “La Mujer del Espejo”, en la Plaza de Colón, “El rapto de Europa” en la T-1 del Aeropuerto de Barajas y “La Mano” en el Paseo de la Castellana.

Nos habla de dos fechas de la Historia de Madrid: el 18 de julio, día de 1936 en el que hubo un golpe de Estado que acabaría con la Segunda República y empezaría en cierto modo la Guerra Civil Española; tan solo unos días antes era asesinado Calvo Sotelo en plena Puerta del Sol. También cita el 14 de abril, día de 1931 en el que se proclama en la Puerta del Sol, la Segunda República. Madrid ha tenido absolutamente de todo.

Y, como no podía ser de otra manera aunque se encuentre “a mitad de camino entre el infierno y el cielo”, dice que él se baja en Atocha, que venga de donde venga, él se queda en Madrid.

Por fin, nos quitamos de en medio el sintetizador, ya viene lo que nos esperábamos. La guitarra sale al juego junto con la batería y una subida de tono para mantenernos aún más si cabe enganchados a esta oda a Madrid.

Y claro, nos ha contado todo lo que tiene Madrid; Sabina piensa que todavía habrá alguien que piense que él no se quedaría aquí. “Aunque la noche delire como un pájaro en llamas, aunque no dé a la gloria la Puerta de Alcalá..”, incluso aunque una de las Majas de Goya cobre más de lo debido o la otra no se deje besar, no creo que haya nadie que le haga estar más a gusto que en Madrid.

 

Pero es que Madrid tiene aún más por ofrecer, ¿no?

Por supuesto que sí:

– Pasarela Cibeles: moda en Madrid, futuro de Madrid, innovación.
– Cárcel de Yeserías: pasado reciente de Madrid, hoy centro de reinserción social.
– Puente de los Franceses: uno de los muchos puentes que cruzan el Manzanares, su río, llamado así por la nacionalidad de los constructores del puente.
– Tascas de Chamberí: uno de los barrios más castizos de Madrid, donde poder tomar tapas en cualquiera de sus tascas, tabernas, bares…
– Corte de los Milagros: así llamó Valle-Inclán, entre otros, a la monarquía de Isabel II, con sus idas y venidas, con todo lo que habrán visto las paredes de ese Palacio.
– Virgen de la Almudena: nuestra patrona, con su catedral, al lado del Palacio Real.
– Chabolas de uralita: chabolas que se ven en algunos barrios de la periferia de la ciudad como Vallecas, Hortaleza…
– Palacio de Cristal: palacio situado en el Parque del Retiro, una de las estampas más fotografiadas de Madrid.
– Cementerio Civil: cementerio situado en el barrio de las Rosas, al lado del Cementerio de la Almudena, donde se pueden encontrar restos de presidentes de la república, intelectuales, artistas..
– Banda municipal: con más de 100 años de historia, nos siguen llenando los veranos con su música.


Aunque haya estado en tantos sitios como él ha estado, dice que siempre hay algo, un barco, un coche, un tren… (y ahí entra en juego Fito Páez en los coros) que siempre le devuelve a la realidad de Madrid, que bajo sus límites siempre está a gusto y que todos queremos que te quedes, Sabina, y que sigas escribiendo como lo haces..

Una canción enmarcada en el disco “Enemigos Intimos” de 1998 junto a Fito Páez donde podemos escuchar canciones maravillosas como “Llueve sobre mojado”, “Delirium Tremens” o la oda a la ciudad de Fito, “Buenos Aires”. Así sí se que acaba bien un viaje, sabiendo que vuelves a casa, a Atocha, a Madrid.

STOP.

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