El Rascainfiernos – Otras joyas de Madrid III

Hoy os traemos otra joya olvidada de Madrid: el rascainfiernos de Fernando Higueras.

Higueras desde sus comienzos como arquitecto fue un disidente. Frente a las ideas de la arquitectura del movimiento moderno, él proponía volver a ciertos preceptos de la arquitectura vernácula, donde la eficiencia de la misma era bella y su integración con el entorno y la vegetación era absoluta. 

La historia de esta vivienda donde residió durante más de treinta años es bastante rocambolesca. Todo comienza con una premonición de su querido amigo Paco Nieva, quien, aficionado al Tarot, decide echarle varias veces las cartas al arquitecto. La carta de la muerte salía continuamente, y a pesar de que Higueras no compartía estas creencias con el dramaturgo, se empezó a preocupar. Nieva para calmar la situación ante tal presagio le dijo que no necesariamente iba a morir, sino que él lo veía debajo de la tierra con un ciprés encima. No sabemos si la premonición de Paco Nieva era cierta, pero de serlo, Higueras, con esta casa, esquivó a la muerte. Se enterró en vida a la sombra de un gran ciprés.

En la década de los 70, tras altibajos en su matrimonio, la pareja decide separarse, aunque Higueras no se marchó muy lejos, de hecho se hizo su refugio en el jardín. La familia tuvo que ser testigo de cómo se empezaba a excavar un gran pozo cuadrado de 9 metros de lado y 7 de profundidad. Dada la dificultad que tenía el acceso al patio se realizó de forma manual con picos y palas. 

Esta vivienda, aparte de la historia, es el resumen de los propósitos de Higueras para la vivienda. Volver a las cuevas, a la arquitectura vernácula que se funde en la naturaleza. Años antes de que se empezara a hablar de eficiencia energética, esta casa ya respeta esos principios de ahorro con la temperatura constante y agradable a lo largo del año que se encuentra bajo tierra.

Qué ironía tener este singular edificio en la capital, ya bien es conocido el dicho “de Madrid al cielo” . El arquitecto prefirió enterrase, pero a pesar de estar bajo tierra, la luz llenó el espacio a través de los grandes lucernarios que se abren al exterior.  Quizá Higueras no tendría ventanas pero con esa luz, las vegetación, la temperatura y los grandes cuadros de Soroya que poblaban las paredes, más que en el rascainfiernos, cuando se tumbaba en esa hamaca él sentía que se encontraba en el mismo paraíso. 

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