CISNEROS: EL HOMBRE DETRÁS DE LA LEYENDA

“La huella personal de Cisneros fue tan profunda y brillante que, en el resto de su historia, apenas encontramos otra cosa.” (Conferencia de Manuel Azaña en el Ateneo de Madrid, 27/05/1915)

Siempre hemos visto al cardenal Cisneros como el villano de la película, llevó una vida compleja y se le ha comparado con entro otros el famoso Cardenal Richelieu, pero ¿fue realmente tan malo o fue el paso de distintos acontecimientos lo que le llevó a ello, a ganarse esa fama?

Francisco Jiménez de Cisneros nació bajo el nombre de Rodrigo en Torrelaguna, no se sabe el año exacto, en una familia relativamente humilde, fue el mediano de 3 hermanos, todos ellos abocados a la vida eclesiástica, dos por fervor (el mayor y él), y uno por obligación (el hermano pequeño, que intentó matarlo y este le “castigó” a quedar recluido en Alcalá de por vida con no más compañía que la de Dios). Estudió en Salamanca y Alcalá, y llegó a ser uno de esos raros monjes, en este caso franciscano, con una gran atracción hacia el pensamiento aristotélico, gracias sobre todo a su profesor Francisco de Roa.

Se le ha emparentado con grandes personajes de la castilla de la época, entre otros, reyes astures o González de Mendoza; de los primeros no es nada seguro, del segundo se sabe que parentesco no tenían, pero que fue él quien le introdujo en la corte de los reyes católicos siendo su mentor, además le otorgó el cargo de capellán en Sigüenza.

Llegó a ser monje y fue en este momento cuando cambia de nombre a Francisco, trabajó en la construcción de una gran catedral y un convento en su tierra (Torrelaguna). Poco después visitó la ciudad del Doncel donde fomentó la creación de su universidad, años después viajó a Roma (pues ya se sabe que para ser un buen cristiano se ha de ir a esta ciudad), allí no solo aprendió sino que también se dio cuenta de toda esa “suciedad de la iglesia”,  fue en este momento cuando empezó a forjar la idea de que la cultura y el entendimiento personal y de las leyes es más valioso que la fuerza bruta y el miedo (esto será el germen de la futura universidad moderna complutense).

A su vuelta se trae consigo una bula papal (por parte del papa Pablo II), por la que él debía de ser Arcipreste de Uceda, pero el Cardenal Carrillo de Acuña (personaje que casó a los reyes católicos y apoyó las pretensiones a la corona de Juana la Beltraneja), se lo había prometido a su sobrino, por lo que para que no lo consiguiera lo encerró hasta en 2 ocasiones en diferentes castillos alejados de la civilización, fue liberado por González de Mendoza y, aunque no consiguió el cargo, este suceso empezó a marcar su carácter. Fue llamado por la reina Isabel a la corte, donde tras mucho insistir, consiguió que fuera su confesor privado, le nombró inquisidor y lo mandó a Granada para acelerar esa expulsión y conquista por la que es tan afamado. Allí conoció a su antecesor y futuro protegido, Fray Hernando de Talavera, con el que reafirmó esa idea de la tolerancia, y del que consiguió el báculo que llevó durante todo su poder y que no perteneció a otro que al califa Boabdil (conservado en el convento de las Juanas en Alcalá, se lo regaló, posiblemente, en agradecimiento).

En esta gran ciudad, si es cierto que quemó libros sagrados, pero también se trajo una cantidad ingente de textos legales, de medicina, etc., que conformarían la futura biblioteca de su universidad ya en ciernes de construcción y que se concluirá hacia 1506 cuando se imparten las primeras clases. La universidad que Cisneros vio era mucho más sencilla y escueta de lo que hoy vemos, él mismo, poco tiempo antes de morir le dijo al rey “Lo que yo he hecho en barro otros lo harán en piedra”, y esto fue lo que realmente pasó. Para poder estudiar en ella solo exigió 2 condiciones: cumplir las normas de la orden y vivir en el propio entorno, es decir, de manera inconsciente creó el primer campus universitario; aparte de ello, no exigía la limpieza de sangre para su ingreso (en torno a 1527-28 fue derogado), e impuso que las cátedras no serían vitalicias.

Sin duda alguna por su gran creación pasaron importantes personajes, entre ellos Nebrija (protegido del cardenal y propulsor no solo de la 1º gramática de la historia, sino también de la afamada biblia poliglota complutense junto con, entre otros, Alfonso de Zamora o Demetrio Ducas), Santo Tomas de Villanueva (el patio principal se rehízo en honor a este santo en el siglo XVII), San Ignacio de Loyola (que no terminó sus estudios, y salió por la puerta de los burros), o Lope de Vega (que pasó más tiempo en la cárcel de la facultad que en las propias aulas).

Francisco Jiménez de Cisneros murió en 1517 dejando un epitafio digno de remarcar: “Yo, Francisco, que edifiqué a las musas un gran templo (se refiere a la universidad), me encuentro ahora sepultado en este sarcófago estrecho donde no cabe la purpura que vestí, ni el hábito, ni el capelo; todo ello lo reuní con hierro siendo capitán, obispo y cardenal, pero fue gracias a mi firmeza cuando se unió la corona, siendo rey me correspondía toda España”.

Como se ve fue un hombre con una vida intensa, con muchos cargos y nada fáciles, pero del que solo solemos recordar su parte negativa, debemos tener en cuenta que fomentó la cultura y por encima de todo reformó no solo la iglesia sino también el estado.

Si te interesa conocer todo el entorno de este personaje tan importante para la cultura europea, además de otras curiosidades de esta ciudad, te esperamos en nuestro tour Alcalá de Henares Patrimonio de la humanidad, de martes a jueves y los sábados a las 18:00. ¡Te esperamos!

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