UN LUGAR ESCONDIDO: EL FRONTÓN BETI JAI DE CHAMBERÍ

En pleno corazón del castizo Barrio de Chamberí, nos encontramos con un olvidado, un lugar que tuvo su auge en el siglo XIX pero que fue pasando de mano en mano hasta acabar prácticamente abandonado.Testigo silencioso del paso del tiempo, reducto de esplendor de tiempos de gloria que dieron paso a otros más oscuros.

Hablamos del frontón de pelota vasca Beti Jai ( en vasco: siempre alegre), creado por el arquitecto Joaquín Rucoba cuyo proyecto fue impulsado por un grupo de empresarios vascos, la Sociedad Arana, Unibaso y Cia, en un momento del siglo XIX en el que éste deporte estaba verdaderamente en auge en la capital. De hecho, será la cuarta infraestructura que se abre en Madrid como frontón de pelota (anteriores a él se conoce: el Jai Alai y el Euskal Jai), y por supuesto, la más grande y la más antigua que actualmente queda en pie en toda España.

Alcanzó entre el público de la época una gran popularidad, bajo una fachada completamente neoclásica y un interior curiosamente neomudejar (imitando formas árabes como algunas plazas de toros). Este pequeño tesoro fue inaugurado en abril de 1894 para estar en activo hasta el año 1919. Sin embargo, poco después empezó a albergar diversos espectáculos y actividades varias que acabarían con su función original y lo desviarían de su contexto histórico primario.

Prisión y comisaría durante la guerra civil, lugar de ensayo de bandas musicales, durante la dictadura de Primo de Rivera acogió competiciones ecuestres y más tarde taller de chapa y pintura de Citroen. Ha sido escenario de numerosos cortos de cine, pero sobre todo ha ido pasando de unas empresas a otras hasta quedar prácticamente en un estado de abandono total.

En el año 2010 aparece una Plataforma para Salvar el Beti Jai, que consigue tras mucha lucha, que el Ayuntamiento de Madrid reconozca su valía y en 2011 es declarado BIC (Bien de Interés Cultural), pasando a ser protegido por el Estado. Es por ello que se ha sometido a una intensa, polémica y larguísima restauración que ha costado casi 5 millones de euros. 67 metros de largo, 20 de ancho y 11 m de alto es lo que conforma la pared del frontón, que tiene cabida además para unos 4000 espectadores.

Hoy, podemos decir que ya se han terminado todas las obras que se pretendían hacer en el proyecto de devolverle la vida al Beti Jai. Cuando pasas por esa pequeña calle y entras dentro y te encuentras aquella bella inmensidad, se explica todo lo que has leído en las líneas anteriores.

Pero, aunque arquitectónicamente le hayan devuelto a su estado original y ya no tenga escombros y plantas dentro, aún queda lo más importante para devolverle realmente el espíritu: conseguir buscarle una nueva función que no lo estropee y que permita a todo el que quiera poder disfrutarlo.

Si queréis conocerlo, estad atentos a las nuevas Jornadas de Puertas Abiertas que pretende hacer el Ayuntamiento para celebrar su restauración.

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