Apolo, Símbolo de la Ilustración y del equilibrio

Parte de la belleza de la ciudad de Madrid se encuentra en esos monumentos que llevan años en un lugar privilegiado y que tan fotografiados y admirados son por los turistas, sin embargo, no tanto por los madrileños pues muchas veces desconocemos su simbología o significado. Forman parte de nuestro imaginario y los hemos vistos tantas veces que ya nos resultan familiares y apenas nos fijamos en su maestría.

Si viajamos atrás en el tiempo, durante el reinado de Carlos III una de las principales reformas que se llevaron a cabo en paseos y avenidas de la capital fue la conocida como la Reforma del Salón del Prado, convirtiendo a esta zona de Madrid en un paseo repleto de hermosos jardines y fuentes. Dentro de esta reforma destacó el proyecto llevado a cabo por el arquitecto Ventura Rodríguez, quien diseñó un conjunto de fuentes entre las que se encuentran la fuente de Cibeles y la fuente de Neptuno, la fuente de la Alcachofa (actualmente ubicada en el Parque del Retiro), las Cuatro Fuentecillas y la fuente de Apolo o de las Cuatro Estaciones.

Hoy queremos centrar todos nuestros esfuerzos en conocer a fondo una de las fuentes que conformaban el proyecto del eje del Salón del Prado. La hermana desconocida de Cibeles (al norte) y Neptuno ( al sur) y es que al contrario que estas, no cuenta con la misma popularidad ni es igual de visitada, probablemente debido a que las otras dos se ubican en lugares mucho más visibles, que son puntos de encuentro y donde confluyen calles realmente importantes, y además porque ambas se encuentran especialmente vinculadas a celebraciones futbolísticas.

Estamos hablando de la Fuente de Apolo, que se encuentra específicamente en la acera central del paseo del prado, creando una plaza que permite su mejor contemplación. Sin embargo, de las tres fuentes, hay que decir que desde luego es la peor conservada. Aunque ha sufrido varias restauraciones, se obtuvo un resultado de calidad mayor en los otros dos dioses del Paseo.

Apolo es el dios de las artes, la medicina y la poesía, enemigo de la oscuridad y perseguidor del crimen. Pero su verdadero interés aquí viene de que él es el representante más carismático del espíritu ilustrado que los Borbones en el siglo XVIII deseaban para el Salón del Prado como centro destinado a fomentar el desarrollo de la cultura y las ciencias. Carlos III realiza un gran proyecto y quiere coronarlo con símbolos de la razón, la cultura y las ciencias.

Por otro lado, dada la complejidad de llevar a cabo este madrileño proyecto, se empleó a un amplio número de escultores para la realización de las fuentes. El modelo final de esta fuente le fue encargado en 1781 al escultor Manuel Pérez quien, sin embargo, murió en 1797 sin haber podido terminar del todo la figura de Apolo. Finalmente, el proyecto se acabaría ya en tiempos de Carlos IV, en 1802, probablemente acelerándose el proceso con motivo de la boda del infante don Fernando con María Antonia de Nápoles.

En cualquier caso, a pesar de su mal estado de conservación, esta estatua está considerada como una de las mejores obras clásicas erigidas en España por la elegancia en las proporciones y la captación del gesto divino y el equilibrio. Apolo aparece portando una lira y acompañado por las esculturas alegóricas de las Cuatro Estaciones, ya que, como dios del Sol, de él depende el nacimiento y tránsito de las estaciones. 

En el tronco de la estatua se encuentran las alegorías  a las cuatro estaciones portando sus respectivos atributos: canasto con flores, haz de espigas, corona de pámpanos y racimos de uvas. Cada una de ellas está hecha con una maestría ingeniosa y de delicado corte.

Esta fuente es una de las más bellas que conservamos en nuestro querido Paseo del Prado, y sin duda, un referente y un símbolo de que la Ilustración llegó a la capital para quedarse.

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